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Escudella de garbanzos y calabacín

De todos es sabido que, cuando preparamos un hervido, gran parte de la sustancia y vitaminas de los ingredientes queda en el agua, así que ¿por qué no reutilizarla?

Un hervido básico de patata, zanahoria, col, judías verdes y pollo nos regalará un caldo base con el que preparar un reconfortante potaje de garbanzos al que añadiremos calabacín.

Ingredientes para 4 personas
  • 1l de caldo de hervido
  • 400g de garbanzos cocidos
  • 1 calabacín
  • 1 cebolla
  • 1 zanahoria
  • 2 huevos duros
  • 1 hoja de laurel
  • Tomillo
  • Sal

Para prepararlo, empezaremos eliminar los extremos de un calabacín, el cual cortaremos primero en cuatro cuartos y luego en rodajas de unos tres milímetros. Espolvoreamos con sal y dejamos en un colador para que suelten el agua amarga. Pelamos y picamos una cebolla, la cual sofreiremos en una cazuela con una cucharada de generosa aceite de oliva virgen extra. Mientras se pocha, pelamos una zanahoria, la cortamos primero por la mitad y luego a rodajitas finas. La agregamos a la cebolla junto al calabacín, que habremos enjuagado y escurrido bien. Añadimos 400g de garbanzos cocidos, una hoja de laurel, tomillo, sal y 1 litro de caldo del hervido.

Dejamos cocer a fuego lento durante una hora aproximadamente, tiempo en el cual preparamos un huevo duro por cada dos comensales.

Pasado ese tiempo y con los huevos ya pelados, ya podremos servir la escudella, que acompañaremos por medio huevo duro por persona.

Hamburguesas de quinoa y calabacín

01

08 2019

Si al servir una quinoa como acompañamiento o ensalada nos ha sobrado, la podremos utilizar como base para elaborar unas ricas y ligeras hamburguesas.

Esta receta es válida tanto si se trata de la quinoa tal cual como si la habíamos aderezado con otros ingredientes.

Para 2 hamburguesas:

  • 1 taza de quinoa
  • medio calabacín
  • 2 cucharadas de cebolla picada
  • 2 cucharadas de harina de garbanzo
  • 1 cucharadita de pimentón Tap de cortí
  • 1 pizca de sal
  • Aceite de oliva virgen extra

Rehogamos a fuego moderado en una sartén con una cucharada de aceite de oliva virgen extra la cebolla picada con una pizca de sal.

Cuando esté bien pochada, añadimos el calabacín que habremos rallado previamente, sin necesidad de pelarlo pero, eso si, bien limpio.

En cuanto haya perdido tersura, retiramos del fuego.

Introducimos en un cuenco dos cucharadas de harina de garbanzo con otras dos de agua y una cucharadita de pimentón tap de cortí y mezclamos hasta formar una pasta.

Agregamos el sofrito de calabacín y cebolla, ligamos y añadimos la quinoa. Corregimos de sal y removemos bien.

Si vemos que la mezcla queda muy húmeda, agregamos un poco más de harina de garbanzo hasta consguir que adquiera un poco más de consistencia, como si fuera una masa de croquetas ligera.

Calentamos una cucharadita de aceite de oliva virgen extra en una sartén a fuego moderado. Con ayuda de un aro metálico, formamos las hamburguesas y dejamos sofreír unos 4 minutos.

Pasado ese tiempo, damos la vuelta a la hamburguesa para que se dore por el otro lado. Servimos acompañadas por una buena ensalada de brotes verdes, por ejemplo.

Estas hamburguesas nos solucionaran un menú de último momento ya que si, tras darles forma las congelamos envueltas individualmente en papel film, cuando las necesitemos bastará retirarles el envoltorio y, sin necesidad de descongelar, las podremos pasar por la plancha y consumir.

Vinagreta de yogur y cebollino

25

07 2019

Aunque parezca poco probable, a veces nos puede sobrar un poco de yogur natural (o griego), sobre todo si hemos caído en la tentación de comprar
un tarro de un cuarto de litro o, simplemente, porque nos hemos hartado a falta de dos cucharadas.

Con esa pequeña cantidad, podemos elaborar un sano, fresco y original aderezo para nuestras ensaladas o incluso utilizarlo para condimentar unas pechugas de pollo o unas albóndigas estilo moruno.
En todos los casos, las hierbas aromáticas serán nuestras mejores aliadas, sobre todo si las utilizamos en fresco.

Ingredientes:

  • 2 cucharadas de yogur
  • 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
  • El zumo de medio limón
  • 4 hebras de cebollino fresco
  • Sal
  • Pimienta negra

Para la vinagreta con la que hemos acompañado una ensalada de rúcola, simplemente habrá que emulsionar el yogur con el aceite de oliva virgen extra, el zumo de medio limón, el cebollino cortado en aritos, sal y pimienta.

Aliñaremos la ensalada justo antes de sentarnos a la mesa o bien la serviremos en salsera para que cada comensal se la aliñe según su gusto.

En vez de cebollino también se pueden utilizar otras aromáticas como la albahaca, la hierbabuena o el cilantro, siendo estas dos últimas opciones ideales si queremos utilizar esta salsa de yogur para aderezar unas albóndigas o pinchitos adobados, por ejemplo con Ras-el- Hanout o con un poco de comino molido.

Para darle un toque más original, también se pueden añadir frutos secos picaditos, como unas nueces, o frutas deshidratadas, como unos orejones, también cortados menudos, que aportarán matices dulces y ácidos a nuestra vinagreta, la cual podremos servir como dip acompañada por zanahoria, apio cortado en juliana o unos nachos, reduciendo un poco la cantidad de limón y aceite para conseguir una textura más espesa.

Ese culito de yogur también nos será muy útil a la hora de aportar cremosidad a sopas o cremas, sustituyendo a la tan calórica nata. Eso sí, añadida directamente en el plato o en la cazuela apartada del fuego para que no se corte y forme grumos. Con este pequeño gesto, nuestras cremas de calabaza o zanahoria serán más gustosas y suaves. Es el mismo resultado que se obtiene si lo empleamos como es costumbre en la cocina de países del este, en la que es tradicional acompañar sopas a base de caldo con patata y otras hortalizas cortadas en cubitos con una generosa cucharada de crema agria o smetana, similares al yogur.