Archivos en ‘Aprovechar restos de verduras’.

Pencas de acelga azucaradas

A la hora de preparar las verduras para cocinar se tiene a veces la sensación de que, tras limpiarlas, hemos tirado más de la mitad. Es cierto que para determinadas elaboraciones hemos de quedarnos sólo con determinadas partes, pero no nos hemos de conformar con tirar el resto, simplemente recurrir al recetario tradicional o echar a volar nuestra creatividad para transformar las hojas más viejas de la alcachofa, las vainas de habas o guisantes, los troncos de coliflor o las pencas de acelga que nos quedan tras preparar una coca de verdura o una tortilla.

Ingredientes

  • Pencas de acelga
  • Una ramita de hierbabuena
  • 1 huevo
  • 1/4 de taza de leche
  • 1/2 taza de harina
  • 1/4 de cucharadita de levadura química
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Azúcar
  • Canela

Comenzamos retirando las fibras de las pencas con ayuda de un cuchillo.

Introducimos en un cazo con agua y una ramita de hierbabuena y hervimos durante unos 20 minutos.

Pasado ese tiempo, escurrimos las pencas y las sumergimos en un lebrillo con agua fría y cubitos. El agua helada parará la cocción así como también evitará que los troncos de la acelga oscurezcan.

Batimos un huevo en un plato hondo. Agregamos la leche y, mientras removemos, añadimos poco a poco la harina mezclada con la levadura hasta que quede una masa espesa.

Sentamos una sartén con aceite de oliva virgen extra a fuego vivo. Cuando esté bien caliente, pasamos una a una las pencas por la masa y las freímos hasta que tomen un tono dorado.

Extraemos y dejamos sobre el escurridor o papel de cocina para eliminar el exceso de aceite.

Aún calientes, espolvorear con azúcar y un poco de canela.

Se pueden servir templadas o frías.

Tortilla con un toque de tumbet

08

08 2019

Un buen tumbet es tan delicioso que hace poco frecuente sobre nada sobras en el recipiente tras una comida, pero podría pasar que quede la cucharada ‘de la vergüenza’, es decir cierta cantidad, pero ni siquiera para una ración para el día seguiente.

Por el contrario sí que nos daría como para dar un aire distinto a una tortilla de patatas clásica.

Lo primero que haremos, es valorar la cantidad de tumbet sobrante para equilibrar la proporción de patata que hemos de añadir para la tortilla, así que la cantidad de patata variará según haya más o menos entre nuestras sobras de tumbet.

Para una tortilla de 4 huevos:

  • 4 huevos
  • 1 patata mediana
  • 1 taza de tumbet con todos sus jugos
  • 2 dientes de ajo
  • Mejorana
  • Sal
  • Aceite de oliva virgen extra

En primer lugar, pelamos la patata y la cortamos a rodajas al igual que hacemos para el tumbet. Las ponemos a remojo en un lebrillo para que liberen el almidón.

Sentamos una sartén al fuego con abundante aceite de oliva y los dos dientes de ajo sin pelar, pero a los que habremos practicado un golpecito sobre la tabla con el fin de quebrar la piel.

Mientras el aceite se calienta, escurrimos las patatas y las salamos. Cuando el aceite esté caliente -sin que llegue a humear- introducimos las patatas y dejamos freir hasta que estén hechas, pero antes de que se doren. Extraemos del aceite y dejamos en el escurridor hasta que se templen.

Entre tanto, en un lebrillo batimos enérgicamente los huevos con la ayuda de un tenedor de madera. Una vez estén bien emulsionados, agregamos la patata y los restos de tumbet aprovechando hasta la última gota de salsa de tomate y los jugos que suelen desprender berenjenas y pimientos fritos. Corregimos de sal y espolvoreamos con mejorana.

Con el mismo tenedor, mezclamos sin pizca de miramientos para conseguir que todos los ingredientes se integren al máximo.
Colocamos una sartén a fuego vivo y regamos con un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Cuando esté bien caliente, vertemos la mezcla. Si fuera necesario, bajamos un poco la temperatura del fogón y cuajamos por ambos lados.