Archivo de agosto, 2019

Palitos de pollo y salvia

Siempre pienso que mi devoción por las croquetas es proporcional a lo engorroso que resulta prepararlas, sobre todo si se prefieren no tan rígidas como cremosas.

Por otra parte, los aficionados a los caldos caseros no damos abasto para comer tanta croqueta ni nos bastarían siete congeladores, así que esta semana he decidido convertir las mollas que me regalan las carcasas de pollo en un delicioso snack.

Ingredientes:

  • 1 taza de mollas de pollo hervido
  • 7 hojas de salvia fresca
  • 1/4 de cucharadita de comino molido
  • 1/4 de ajo molido
  • Pimienta cayena molida
  • 1 taza de galleta de Inca picada (o pan rallado)
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita de sésamo negro (opcional)
  • Sal

Para elaborar estos palitos, el primer paso es picar el pollo. Ha de quedar fino, pero tampoco hecho una pasta, así que mejor a cuchillo.

Lo disponemos en un lebrillo y condimentamos con las hojas de salvia fresca picadas, el comino y el ajo, una pizca de sal y, si nos gusta el picante, cayena en polvo.

Amasamos hasta que se integren bien los ingredientes y de forma que se vaya compactando el pollo.

A partir de ahí, formamos bastones con el pollo, no demasiado largos, tampoco muy finos para no complicar su rebozado.

Batimos el huevo en un plato hondo y disponemos galleta de Inca picada a la que si lo deseamos añadiremos el sésamo negro en otro plato.

Pasamos uno a uno los palitos primero por la galleta picada, a continuación por el huevo y por la galleta nuevamente.

Los freiremos en aceite de oliva virgen extra bien caliente hasta que estén doraditos y serviremos templados o temperatura ambiente solos o con una salsa, las agridulces son ideales.

También se pueden congelar en un táper, son ideales para sacarnos de un apuro, pues pueden ir a la sartén directos, sin necesidad de descongelar.

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08 2019

Tortilla con un toque de tumbet

Un buen tumbet es tan delicioso que hace poco frecuente sobre nada sobras en el recipiente tras una comida, pero podría pasar que quede la cucharada ‘de la vergüenza’, es decir cierta cantidad, pero ni siquiera para una ración para el día seguiente.

Por el contrario sí que nos daría como para dar un aire distinto a una tortilla de patatas clásica.

Lo primero que haremos, es valorar la cantidad de tumbet sobrante para equilibrar la proporción de patata que hemos de añadir para la tortilla, así que la cantidad de patata variará según haya más o menos entre nuestras sobras de tumbet.

Para una tortilla de 4 huevos:

  • 4 huevos
  • 1 patata mediana
  • 1 taza de tumbet con todos sus jugos
  • 2 dientes de ajo
  • Mejorana
  • Sal
  • Aceite de oliva virgen extra

En primer lugar, pelamos la patata y la cortamos a rodajas al igual que hacemos para el tumbet. Las ponemos a remojo en un lebrillo para que liberen el almidón.

Sentamos una sartén al fuego con abundante aceite de oliva y los dos dientes de ajo sin pelar, pero a los que habremos practicado un golpecito sobre la tabla con el fin de quebrar la piel.

Mientras el aceite se calienta, escurrimos las patatas y las salamos. Cuando el aceite esté caliente -sin que llegue a humear- introducimos las patatas y dejamos freir hasta que estén hechas, pero antes de que se doren. Extraemos del aceite y dejamos en el escurridor hasta que se templen.

Entre tanto, en un lebrillo batimos enérgicamente los huevos con la ayuda de un tenedor de madera. Una vez estén bien emulsionados, agregamos la patata y los restos de tumbet aprovechando hasta la última gota de salsa de tomate y los jugos que suelen desprender berenjenas y pimientos fritos. Corregimos de sal y espolvoreamos con mejorana.

Con el mismo tenedor, mezclamos sin pizca de miramientos para conseguir que todos los ingredientes se integren al máximo.
Colocamos una sartén a fuego vivo y regamos con un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Cuando esté bien caliente, vertemos la mezcla. Si fuera necesario, bajamos un poco la temperatura del fogón y cuajamos por ambos lados.

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08 2019

Hamburguesas de quinoa y calabacín

Si al servir una quinoa como acompañamiento o ensalada nos ha sobrado, la podremos utilizar como base para elaborar unas ricas y ligeras hamburguesas.

Esta receta es válida tanto si se trata de la quinoa tal cual como si la habíamos aderezado con otros ingredientes.

Para 2 hamburguesas:

  • 1 taza de quinoa
  • medio calabacín
  • 2 cucharadas de cebolla picada
  • 2 cucharadas de harina de garbanzo
  • 1 cucharadita de pimentón Tap de cortí
  • 1 pizca de sal
  • Aceite de oliva virgen extra

Rehogamos a fuego moderado en una sartén con una cucharada de aceite de oliva virgen extra la cebolla picada con una pizca de sal.

Cuando esté bien pochada, añadimos el calabacín que habremos rallado previamente, sin necesidad de pelarlo pero, eso si, bien limpio.

En cuanto haya perdido tersura, retiramos del fuego.

Introducimos en un cuenco dos cucharadas de harina de garbanzo con otras dos de agua y una cucharadita de pimentón tap de cortí y mezclamos hasta formar una pasta.

Agregamos el sofrito de calabacín y cebolla, ligamos y añadimos la quinoa. Corregimos de sal y removemos bien.

Si vemos que la mezcla queda muy húmeda, agregamos un poco más de harina de garbanzo hasta consguir que adquiera un poco más de consistencia, como si fuera una masa de croquetas ligera.

Calentamos una cucharadita de aceite de oliva virgen extra en una sartén a fuego moderado. Con ayuda de un aro metálico, formamos las hamburguesas y dejamos sofreír unos 4 minutos.

Pasado ese tiempo, damos la vuelta a la hamburguesa para que se dore por el otro lado. Servimos acompañadas por una buena ensalada de brotes verdes, por ejemplo.

Estas hamburguesas nos solucionaran un menú de último momento ya que si, tras darles forma las congelamos envueltas individualmente en papel film, cuando las necesitemos bastará retirarles el envoltorio y, sin necesidad de descongelar, las podremos pasar por la plancha y consumir.

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08 2019